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Revista
El discípulo de la bicicleta
By David R. Aquije, Fotos de Sean Sprague

El día que el Padre de Maryknoll Robert McCahill llegó a Narail estaba lloviendo. El delgado sacerdote de 72 años estaba agotado físicamente y cansado de buscar el lugar donde iniciaría un nuevo periodo de misión.


Bangladesh/S. Sprague RV0410"El lugar lucía algo miserable", dice el misionero que por más de 20 años ha vivido en diferentes aldeas de Bangladesh, uno de los países más pobres del mundo con una población de más de 150 millones de habitantes en un terreno del tamaño de Iowa. Narail, una pequeña aldea subdesarrollada y sin infraestructura al sureste del país, le pareció al misionero "un buen lugar para dejar la marca del cristianismo, no por el propósito de conversión sino simplemente por la idea de demostrar lo que es y hace un cristiano".

Bangladesh/S. Sprague RV0410McCahill fue uno de cinco sacerdotes de Maryknoll que llegaron a Bangladesh en 1975 para realizar un ministerio de testimonio cristiano. Durante ocho años, los misioneros vivieron juntos formando una comunidad cristiana en Dhaka, la capital. Luego, McCahill enfocó su misión viajando por el interior del país para ayudar a personas, principalmente niños, con urgente necesidad de asistencia médica.

Encontrar el lugar donde iniciará su próxima estadía le puede llevar a McCahill meses de investigación. Él tiene sus propios criterios: el lugar debe ser pobre, no debe haber otros extranjeros o cristianos y alguno de los pobladores debe estar dispuesto a cederle gratuitamente un pequeño espacio de tierra donde construir su propia choza.

Un discípulo de nuestros tiempos, McCahill llega solo—en una bolsa una muda de ropa y los elementos esenciales para celebrar su propia Misa—a cualquier aldea donde probablemente viva por los próximos tres años. Allí, se sienta en cualquier tienda ambulante donde generalmente se congregan los hombres para tomar té. Notando la presencia de un foráneo, el rústico lugar se llena inmediatamente de gente y McCahill responde honestamente todas las preguntas que le hacen. "Yo soy su hermano Bob, un misionero cristiano católico. Estoy aquí para servir a personas que están seriamente enfermas y son pobres", dice el misionero de Goshen, Indiana.

Con una población mayoritariamente musulmana o hindú, las preguntas que recibe son muchas, principalmente si viene a evangelizar, cómo financia la ayuda que ofrece y porqué no tiene familia. Él responde que para la ayuda médica que ofrece depende completamente del apoyo económico de su familia extendida, y no de una organización; que su propósito es vivir entre personas que no son cristianas y tratarlas con amor, respeto y hermandad; y que su familia es la humanidad.

Bangladesh/S. Sprague RV0410McCahill describe los tres años que vive en cada aldea del siguiente modo. "El primer año es de sospecha. El segundo año se empieza a construir confianza y el tercer año es de afecto. La gente dice, 'dijo que sólo venía a hacer el bien y es lo que hace'".

En Narail, a poco tiempo de terminar los tres años que decidió vivir ahí, McCahill sigue levantándose muy temprano en la madrugada para dedicarle tiempo a la oración y la meditación antes de iniciar su jornada misionera. Esta mañana de octubre, sale de su choza de paredes de tallo de yute, suelo de barro y techo de hojalata y monta la bicicleta que lo lleva a través de cimbreantes caminos de tierra por los hermosos paisajes del fértil suelo agrícola de Bangladesh, donde irónicamente viven millones de personas en extrema pobreza.

Bangladesh/S. Sprague RV0410El misionero pedalea unos kilómetros hasta la aldea de Bolorampur donde visita a Mehenac, una niña de 3 años quien sufre de parálisis cerebral a consecuencia de un parto mal hecho por una comadrona del pueblo. La abuela de Mehenac sale con la niña de la choza y tira un tapete en el suelo. El misionero se pone de cuclillas y observa y asiste a la abuela en la terapia física recomendada para la niña. La madre de la niña no está y McCahill se siente contento que alguien más de la familia haya aprendido los ejercicios.

En medio del canto de la aves silvestres y del olor a leña prendida, McCahill monta nuevamente su bicicleta y pedalea otros kilometros hasta la aldea de Buramara.

En Buramara, McCahill visita a Liza, una niña de dos años de edad que sufrió serias quemaduras en su brazo izquierdo cuando todavía no cumplía el año. Las quemaduras fueron tan graves que la parte superior de su manito se dobló del todo hacia arriba hasta quedar completamente pegada a su brazo. McCahill llevó a la niña a un hospital en Dhaka donde a través de una cirugía le separaron la mano del brazo. Liza tiene una prótesis para que su mano se acostumbre a mantenerse derecha. El misionero explica que la pequeña necesita otra cirugía para nivelar dos deditos que tiene doblados. Liza llora fácilmente por el dolor que debe sentir, pero en su visita McCahill intenta consolarla y hacerla sonreir.

Así es el ministerio de McCahill. El monta su bicicleta y la maneja por kilómetros hasta llegar a su destino. No importa si los caminos están llenos de lodo durante la temporada de lluvias de este país de clima tropical. Llega a una aldea y busca a los niños y personas que de otro modo permanecen escondidos en sus chozas debido al estigma que las condiciones físicas que tienen les causan. Con una pequeña cámara toma fotos de las condiciones: parálisis cerebral, quemaduras, distrofias musculares, labios leporinos, polio, tumores, fracturas por accidentes. Luego viaja semanalmente a Dhaka como viaja la gente pobre, en los buses viejos del complicado y peligroso sistema de transporte bengalí. En un hospital de la capital, McCahill enseña las fotos a los médicos quienes hacen un diagnóstico a distancia. Finalmente, en este largo y complicado proceso, el misionero transporta en bus, en viajes de 8 a 10 horas, a los niños y sus padres hasta la capital para que reciban asistencia médica gratuita en hospitales del gobierno. El misionero paga los pasajes del bus y la medicina que necesiten los pacientes.
"No es un costo alto y no es un asunto de dinero", dice. "Es un asunto de amor, un asunto del corazón".

Bangladesh/S. Sprague RV0410Debido a que vive en un país mayoritariamente musulmán y pobre, McCahill recalca que sólo usa un modesto presupuesto que recibe de su familia extendida para su ministerio. "Si tengo muchos fondos disponibles y viviera en una parroquia", explica, "cambiaría la actitud de la gente hacia mí. Tratarían de despojarme de los fondos. La gente de aquí sabe que gasto más dinero en sus necesidades que en las mías. Nadie puede hablar de mi vida de servicio y decir 'puede hacer esto solamente porque es un norteamericano rico'". Por eso, McCahill comparte los estipendios que recibe de Maryknoll con otras comunidades cristianas que sirven al pobre en Bangladesh, como las Misioneras de la Caridad.

Es una vida de servicio que como él dice con exactitud empezó un 31 de octubre de 1956. Tenía 19 años de edad y estaba interesado en seguir una carrera en ciencias políticas. Pero ese día al regresar a su casa de la Universidad de Seattle, "recibí, ni siquiera puedo describirla, una atracción a Dios como nunca antes la había sentido, ni que desde entonces necesito. La motivación, el momento que se me dio entonces fue suficiente para mantenerme de por vida sólo si lo sigo recordando".

Bangladesh/S. Sprague RV0410Por años, McCahill ha descrito con gracia su vida misionera en un diario que escribe cada mes en una antigua máquina de escribir Olivetti y que comparte con amigos y familiares. Un misionero es un cristiano que vive en una cultura diferente, explica el sacerdote: "Mi misión es mostrar el amor de Cristo, el amor a Dios, a todas las personas de todas las creencias. Es estar con ellos como hermano; es establecer hemandad siendo un hermano para ellos".


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