En EspañolNuestro Dios interactivo
By Joseph Veneroso, M.M.
Dones del Espíritu Santo
¿A quién no le gusta recibir regalos? Claro, los mejores regalos no son sólo los que queremos y necesitamos sino los que demuestran amor, interés y consideración por parte del que regala. Un regalo es un recuerdo constante del amor. Los cristianos creemos en un Dios que constantemente nos concede regalos, o dones, espirituales.
En esto, la manera cómo los cristianos percibimos a Dios se diferencia de otras religiones. Los musulmanes enfatizan la sumisión a Alá; los judíos llevan la carga de guardar los mandamientos encomendados al pueblo escogido de Dios; los budistas buscan clarificación reconociendo su propio Buda; los hindúes viven de acuerdo a la ley de karma—según siembras, recogerás—en anticipación de un sinnúmero de reencarnaciones hasta al fin alcanzar liberación.
Los cristianos creen no sólo en un Dios que creó al ser humano “en la imagen divina” sino también en un Dios quien se hizo humano, igual que nosotros en todo menos el pecado. Pero, ¡hay más aún! No sólo participó Dios en la vida humana a través de Jesús sino que nosotros participamos en la vida de Dios a través del Espíritu Santo. Dios está involucrado íntimamente en nuestra vida y nos da lo que necesitamos para una vida plena, productiva y con sentido. Nuestro Dios no está en un cielo lejano esperando que adivinemos cuáles oraciones o rituales nos ganarán una audiencia con él. Al contrario, creemos en un Dios interactivo, quien participa en nuestras vidas y nos llama a la santidad a través de la fe vivida en comunidad.
El cristianismo es una religión compartida. Necesitamos vecinos a quienes amar. Necesitamos hermanas y hermanos espirituales para orar, “Padre Nuestro...” Los sacramentos involucran a la comunidad en cada etapa de nuestra vida humana, desde el nacimiento, a la reconciliación, al matrimonio o Sagradas Órdenes, a la muerte y a la cena comunal por excelencia: la Eucaristía. Los sacramentos a su vez refuerzan la realidad que somos más que una comunidad que cree en Dios; somos el mismo Cuerpo de Cristo.
Paradójicamente, esta dimensión comunal de la cristiandad no sólo requiere santificación individual sino que la exige. En vez de absolver a las personas de la responsabilidad de vivir según el Evangelio, el Cuerpo de Cristo depende de la salud espiritual y la madurez de cada miembro si va a prosperar y ser un reflejo del amor de Dios para el mundo.
Vivir de acuerdo a semejante obligación es la lucha de todo cristiano. De cierto, enfrentando tan gran desafío quién no preguntará: “¿Quién, Señor, puede salvarse?” Las Escrituras nos recuerdan que el poder humano solamente no es suficiente, pero “con Dios todo es posible”. Dios no sólo se identifica con nosotros y nos llama a ser más como Él en nuestras actitudes y conductas. Dios está a nuestro lado y nos da su gracia, o dones espirituales, que necesitamos para alcanzar la meta.
Tradicionalmente, se conocen estos como los siete dones del Espíritu Santo: sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad, y temor de Dios. Recibimos esos dones en nuestro bautismo. Es decir, desde el momento que nacemos de nuevo con las aguas del bautismo recibimos todas las herramientas espirituales necesarias para vivir vidas sagradas en comunidad y llegar a ser santos. Esta es la vocación que compartimos todos.
En futuras ediciones de Revista Maryknoll desenvolveremos estos regalos del Espíritu Santo, para ver lo que exactamente Dios nos da y cómo mejor emplearlos en el mundo de hoy. Desde luego, al igual que con regalos materiales, las mejores gracias que podemos ofrecer al que nos hace los regalos es usarlos y gozar de ellos al máximo.
El autor, el Padre de Maryknoll Joseph Veneroso, sirvió muchos años en Corea del Sur.