En EspañolSobre estas rocas
By Lynn F. Monahan
El Padre James Eble sube una loma rocosa donde las personas han apiñado sus casas de fango y estuco entre las rocas del asentamiento Mabatini en Tanzania. La basura y aguas servidas se acumulan en los puntos bajos de la superficie de las rocas ígneas, y él y sus compañeros tienen que tener mucho cuidado para no perder el equilibrio y caer.

El sa cerdote de Maryknoll se va a reunir con una pequeña comunidad cristiana que según él se está desintegrando. Mientras sube la loma, el misionero de Fairfield, California, se pregunta si habrá alguien esperándolo, o si hace el arduo esfuerzo
en vano.
Eble, de 57 años de edad, es un sacerdote muy ocupado. Su parroquia de la Transfiguración, cuenta con 4,000 católicos, de los 70,000 habitantes en la sección Mabatini de Mwanza, la segunda ciudad más grande de Tanzania. Sus dos Misas los domingos son asistidas por 700 personas, cada una, incluyendo niños, en una iglesia con cupo sólo para la
mitad. Los que no entran, oyen la Misa desde afuera. Además, la parroquia atrae a muchos no católicos curiosos por esta iglesia muy visible en un raro espacio abierto de tierra rodeado por pequeñas tiendas y casitas apiñadas unas a otras.
Eble también tiene una gran ceremonia de confirmación en una semana, y planea con fervor la construcción de una nueva iglesia y rectoría para esta parroquia que se expande rápidamente. Actualmente, él vive en una casa alquilada en la misma calle. Unos años atrás, él construyó un centro parroquial, donde se celebran actividades comunitarias y parroquiales. El misionero confiesa que los proyectos de construcción son abrumadores.
En su subida por la loma, Eble se detiene para visitar y orar con una mujer enferma antes de llegar a la reunión de la Comunidad Cristiana de Base de Santo Tomás. La jornada no ha sido en vano. Dos docenas de adultos y unos tantos niños lo esperan.
“¡Qué sorpresa! No había estado allí por meses”.
La reunión, en swahili, dura unas dos horas; la conversación es mayormente entre los hombres y las mujeres de la comunidad. Para Eble, quien ha trabajado incesantemente por los últimos siete años para edificar la parroquia, la reunión fue una experiencia reveladora, quizás catárquica.
“Muchos me dicen que van porque yo voy”, comenta. “Siempre dicen que quieren que los visiten y consuelen”. Los deseos de la comunidad de ver a su párroco más a menudo hacen que Eble reflexione sobre su rol en la parroquia y sus orígenes. “Fue así que comencé la parroquia, visitando a los vecinos durante seis meses”.
Ahora Eble, el único sacerdote que sirve a este creciente asentamiento al oeste de Mwanza, está simultáneamente construyendo una iglesia con capacidad para 800 personas, que reemplazará la construida por la comunidad ya hace 14 años. También construye una rectoría, que espera algún día sea hogar para más de un sacerdote. Eble distribuye su trabajo en los dos proyectos dependiendo de los fondos y los permisos de construcción. Como la construcción es en etapas, sólo se ha construido una fracción del esqueleto de la iglesia. Eble estima que el costo de la iglesia será $400,000 y la rectoría de cuatro dormitorios unos $145,000. Aunque el pueblo de Mabatini reúne algunos de los fondos, la mayor parte viene de donaciones, incluyendo de Maryknoll. La visión es que la iglesia sea “una espacio espiritual, intelectual y físico” que de a la comunidad un lugar para “reflexionar, orar y soñar... donde todos se sientan bien consigo mismos”, dice Eble.
“Vamos a usar rocas de nuestras lomas para partes de las paredes, especialmente la pared detrás del altar; quiero que el altar sea una roca grande de nuestras montañas”.
Los afloramientos rocosos son elementos geológicos característicos de esta parte de Tanzania. Dicen que las formaciones en el cercano Parque Nacional del Serengeti fueron el modelo para las rocas usadas en la película de Disney “The Lyon King”. Las rocas son también un diseño adecuado para la nueva iglesia, porque reflejan la topografía local y las Escrituras: “sobre esta roca edificaré mi Iglesia” (Mateo 16:13-18). Incluso cuando Eble visitó la comunidad de Santo Tomás los miembros se sentaron entre los afloramientos rocosos.
Para Eble, hijo de un oficial de la Fuerza Aérea y criado en bases militares alrededor de Estados Unidos y Filipinas, donde su mamá nació, Mabatini se ha vuelto su hogar. Después de su ordenación en 1988, Eble comenzó su ministerio entre tribus africanas en Tanzania por ocho años, incluyendo seis años en la planicie Serengeti. Su trabajo en África fue interrumpido cuando le tocó el turno de trabajar en Estados Unidos con el equipo de vocaciones de Maryknoll. Ha trabajado en Mwanza desde que regresó a Tanzania en el 2000, y consiguió que Mabatini fuera declarada parroquia hace cinco años.
Mabatini fue formado por invasiones de personas buscando dónde vivir a finales de los 1960 y principios de los 70, dice, y su nombre viene de “mabati” por el metal corrugado que usan como techos de las casas.
Es ahí donde este misionero se siente más arraigado que antes. “Las cosas están desarrollándose”, dice, “Mirando bien, se ve que es una parroquia, por lo menos físicamente”.
No obstante, la reunión con la comunidad de Santo Tomás le recuerda a Eble que la infraestructura en sí no es la Iglesia. Y en Tanzania, las pequeñas comunidades cristianas son la llave para edificar la verdadera Iglesia, el pueblo, y servir a la comunidad, que lidia con problemas de “vida y muerte” como tener agua potable y sanidad. Él tiene que recordarse a sí mismo que camina con el pueblo.
“Con el apuro de terminar la tarea puede uno dejarlos atrás y hacer las cosas por ellos, en vez de hacerlo juntos”, dice. “Estuve muy envuelto en el proyecto para hacer todo rápido, y creo que debo volver a estar ‘más con el pueblo’”.
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